Horizontes comunitarios de lo político y la política

Raquel Gutiérrez Aguilar

Los horizontes comunitarios de lo político y la política tienen una larga y casi enterrada historia de esfuerzos de lucha y resistencia. Brotan, una y otra vez, desde enérgicas y heterogéneas gestas en defensa de la riqueza material generada, poseída o usufructuada en común, protagonizadas por hombres y mujeres que se rebelan, se levantan y luchan. En innumerables batallas que abarcan tanto variadísimas acciones de apenas perceptible resistencia, como rebeliones y levantamientos brillantes y generalizados, hombres y mujeres de abajo, empecinados en reproducir la vida social que conocen y disfrutan; defienden sus creaciones y logros, al tiempo que buscan ampliar las fuentes de seguridad material disponibles colectivamente. Al protagonizar tales acciones remueven y cimbran el sentido común dominante y, por lo general, ponen al mundo de cabeza durante un breve tiempo. En tales rebeliones se vislumbran renovados horizontes políticos heredados y se hacen visibles saberes y códigos morales labrados sólidamente en el trabajo cotidiano de reproducción de la vida.

Esta página se dispone a auspiciar la reflexión sistemática sobre tales horizontes políticos comunitarios de reapropiación y regeneración de condiciones satisfactorias para la reproducción de la vida desde distintos acercamientos; sugiriendo periódicamente un tema a discusión. El tema inicial que ponemos a discusión versa sobre dos ejes fundamentales que han brotado una y otra vez desde los polimorfos afanes popular-comuntiarios de reorganización de la reproducción de la vida social; en los momentos más enérgicos del despliegue de las luchas que han protagonizado.

Nuestra hipótesis es que tales ejes diagraman una forma de lo político y la política que desborda y contradice muchos de los supuestos del orden dominante: constituyen hilos centrales de la trama de sentido que busca una y otra vez expresarse, dotarse de palabras y lenguajes para abrirse paso e iluminar posibilidades de reapropiación colectiva del mundo y de regeneración de las condiciones para la reproducción de la vida social.  Los ejes en cuestión, que pueden rastrearse cuando menos desde los esfuerzos de los commoners ingleses del siglo XII[1] son:

1. En primer lugar las resistencias, las rebeliones y las luchas exhiben, siempre, la voluntad explícita y la disposición práctica en lucha de establecer un límite a las atribuciones de mando y a las posibilidades de expoliación de las creaciones y fuerzas de los de abajo.  La trama de reproducción de la vida se produce, siempre, desde abajo: es “abajo” donde se siembra, se construye, se arma, se transporta, se gestiona la vida cotidiana, se habita y se cuida. Esto ocurre, al menos desde el siglo XVII en algunas partes del mundo –y tendencialmente en casi todas‒ de manera cada vez más contradictoria y desgarrada por la acumulación de capital y la producción de mercancías –que no son más que el sustrato del capital. En tales condiciones los de abajo, acuerpados en sus múltiples tramas asociativas y/o comunitarias heredadas o recreadas, se esfuerzan por que perviva la manera en que se organiza la reproducción de la vida colectiva estabilizada en alguna confrontación histórica anterior y reapropiada y reconstruida por ellos mismos durante los momentos de “tregua” aparente en la confrontación; si bien esto último ocurre bajo el ataque sistemático de los de arriba.

La postura que sostengo, entonces, es que esta “limitación sitemática” de la expoliación y del mando establece una forma –legítima aunque por lo general desdeñada‒ de la política y lo político que puede rastrearse en las profundidades de la historia proto-moderna y moderna, al menos desde la promulgación de la Carta Magna inglesa y, sobre todo, de la Carta del Bosque.

2. El segundo eje, derivado de lo anterior, es que quienes luchan saben prácticamente que sus esfuerzos se dirigen básicamente contra la expoliación de las posibilidades de reproducir la vida en su conjunto y contra el despojo de la riqueza material comunitariamente producida; una y otra vez levantan límites que permitan conservar tales condiciones materiales para la reproducción de la vida colectiva. Sin embargo, este profundo contenido anti-capitalista de los polimorfos horizontes comunitarios esbozados históricamente en los levantamientos y las luchas, por lo general, no ha logrado expresarse de manera explícita con la fuerza necesaria para manifestarse como horizonte político viable. El trastocamiento de las relaciones políticas heredadas que ocurre en cada levantamiento o rebelión, no se ha dotado –salvo de manera parcial y ocasional‒ de un lenguaje sistemático que acompañe el conjunto de acciones prácticas de construcción de límites a la expoliación, el despojo, la explotación y el disciplinamiento político. La perspectiva que sugiero acerca de lo que hasta ahora ha ocurrido, una y otra vez, es que a partir de las luchas y rebeliones protagonizadas por las heterogéneas tramas comunitarias producidas durante la reiterada reproducción colectiva de la vida social; se ha buscado restaurar el vínculo entre política y, justamente, reproducción de la vida –o entre política y economía, suele decirse‒, desgarrada brutalmente a lo largo de siglos de acumulación de capital y consolidación estatal. Restaurar el vínculo entre reproducción de la vida y política es, a mi juicio, el camino que tales rebeliones, cada una a su manera, se ha propuesto seguir. Sin embargo, para poder pensar claramente en los pasos de este camino, es necesario colocar la reproducción de la vida social como núcleo para la inteligibilidad de lo político, de los caminos colectivos para la conservación y la transformación social. Los horizontes comunitarios tienen como punto de partida, así como objeto principal de atención, la conservación, transformación satisfactoria y despliegue de la reproducción social. Una política popular-comunitaria no se ocupa pues, siguiendo este hilo argumental, de proponer maneras de reorganizar la producción de capital bajo otras pautas; sino de reconstruir las posibilidades de reproducción de la vida colectiva, de sus condiciones materiales e inmateriales, a partir de la ampliación –en escalas y ritmos‒ de los límites que colectivamente se logra imponer desde abajo a la acumulación del capital y al orden político que le es consustancial.

Estos dos ejes, considero, constituyen el rasgo común de los variados horizontes comunitarios –valga la redundancia‒ que el estudio de las luchas históricas nos muestra; y que el compromiso práctico y personal con alguna lucha específica nos vuelve a enseñar.

¿Qué significa entonces entender la política y lo político si se razona desde estas claves? ¿Esta mirada resulta fértil para organizar la comprensión de nuestras propias experiencias de luchas –las directas y las que conocemos por el estudio de la historia? ¿Alumbra posibilidades prácticas de producción de argumentos y razones que acompañen y sirvan a la expansión de las luchas que una y otra vez brotan desde las tramas de reproducción de la vida? Estas son, por lo pronto, las preguntas que dejo en la mesa, en tanto yo misma me las hago una y otra vez.

Lecturas recomendadas:

Bloch, Ernst, Thomas Müntzer, teólogo de la revolución (1921), La balsa de Medusa, Madrid, 2002.

Federici, Silvia, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (2004), Pez en el árbol, México D.F., 2013.

Linebaug, Peter, El Manifiesto de la Carta Magna (2008), Traficantes de sueños, Madrid, 2013.

Gilly, Adolfo, La revolución interrumpida (1971), ERA, México DF, 1994.

Holloway, John, Agrietar el capitalismo. El hacer contra el trabajo, Herramienta, Buenos Aires, 2011.


[1] Al respecto se puede consultar el trabajo de Peter Linebaug (2013): El manifiesto de la carta magna.

Anuncios

3 comentarios en “Horizontes comunitarios de lo político y la política

  1. Quiero retomar la última pregunta que Raquel deja para la discusión y concentrarme en el primer eje que plantea como rasgo común de las luchas sostenidas desde horizontes comunitarios. En otras palabras: ¿De qué manera pensar en las luchas comunitarias, como forma sistemática de establecer un límite a la dominación y a la expoliación, es útil para la producción de argumentos que acompañen esas luchas?
    Si partimos por entender que la dinámica del capital es expansiva por naturaleza, es decir que su propia existencia implica propagar la acumulación ampliada de manera permanente, fagocitando y convirtiendo de manera arrolladora lo que no es objeto de acumulación, tratando de convertir en fuente de ganancia todo producto del trabajo humano e intentando subordinar y disciplinar de manera sostenida las formas sociales de reproducción de la vida que no le son funcionales; entonces, pensar en el establecimiento de “límites” es útil. Lo que está limitado no se expande. Y puesto que el capital por naturaleza necesita expandirse para existir, cuando se lo limita se atenta contra su propia naturaleza y por ende contra su existencia. ¡Ojo! Atentar… no necesariamente implica destruir.
    Ahora bien, las luchas comunitarias no suelen ser tangenciales, por lo general son tendenciales, y por ese motivo considero que son muy fértiles. A no ser ciertas excepciones, si uno visibiliza los horizontes que las luchas surgidas desde los entramados comunitarios ponen en juego, éstos no suelen contener la noción de una transformación que sea de una vez y para siempre, es más, los horizontes comunitarios no son horizontes teleológicos, no definen a priori un orden social preconcebido. Estas luchas desde abajo lo que cotidianamente hacen desde estos “saberes prácticos” es intentar desplegar sus propias formas de producir y reproducir la vida, apropiando y reapropiándose material y simbólicamente de aquellos ámbitos bajo el control del capital y funcionalizados a partir de las relaciones de dominación mediatizadas por el estado; lo que en otras palabras significa: poner límites. Entonces, como la lucha es tendencial podemos pensar que cuando “se va ganando” se multiplican los límites, incluso situándolos al interior de la propia institucionalidad estatal ‒lo que no significa que ésta esté planteada en términos de la “toma del poder”‒. Las luchas en este sentido son de largo aliento y muy diversas, no están regidas por las angustias de los tiempos del mercado y el capital y no siempre son violentas, existe una multiplicidad de poner límites que son sumamente efectivos.
    Pensar la lucha en clave comunitaria representa, pues, un esfuerzo por cambiar el ángulo desde donde se enfoca la política, conlleva construir argumentos que en primera instancia permitan legitimar formas de lucha profundamente desprestigiadas por los discursos dominantes de izquierda y derecha, y en segundo lugar coadyuven a potenciar la efectividad de estas luchas desde sus propios sentidos y ritmos. Pensando en aquello que los aymaras saben hacer muy bien y llevándolo a un plano más general, se me ocurre que si bien un límite puede atentar contra el orden de dominación y explotación mas no destruirlo, en términos metafóricos podríamos empezar a concebir una “política del cercamiento”, la multiplicación, articulación y permanencia temporal de los límites pueden levantar “cercos”, quien sabe que desde ahí el atentar tienda a convertirse en destrucción de las relaciones sociales que reproduce el capital… Y el que no crea en la eficacia de los cercos, puede preguntar a las élites paceñas de Bolivia, verá que no les causa ninguna gracia.

  2. Hola Raquel

    Leí de inmediato (y he releído) el texto inicial de Horizontes Comunitarios, el blog que pusieron al aire. Lo subimos a la página de Pueblos en Camino bajo la sección Así Sí! en Prácticas y Saberes, pero también y de inmediato lo circulamos en el facebook de Pueblos en Camino y en otras redes. Otro tanto hizo el Tejido de Comunicación de la ACIN, tanto en su página como en Facebook.

    Quiero hacer algunos comentarios iniciales al blog y al texto, que me surgieron de inmediato. No son elaboraciones profundas. Más bien, son reacciones que ponen de manifiesto la forma en que las preguntas que plantea el texto contagian y exigen.

    En primer lugar, el sentido y la dinámica del blog me parecen excelentes. Provocar, invitar a la reflexión y generar un ritmo que invita al intercambio, a la conversación paciente, al debate es maravilloso. Cambia lo usual de estos medios, que reclama cantidad y velocidad, por un tempo de presencia, compartir, serenidad. Pero además, se abre una bodega de textos, selectos, cuidadosamente invitados a la conversación de modo que no se trata de un archivo erudito, sino de palabras y búsquedas tejidas a la conversación. Pero, todo esto tiene un eje, un corazón y un alma y es lo que planteas en el texto inicial y se propone con el nombre del blog, Horizontes Comunitarios, por un sentido común de la disidencia! Gracias por este espacio. Creo que entrarle a la conversación y contribuir con mis propias dudas y preguntas, participando, es la mejor manera de involucrarme.

    Parto de lo que planteas y de los dos ejes propuestos sin escribir entre líneas. Con el texto como espejo, me encontré con mucho de lo que vengo trabajando y me identifico con el camino que nos reclaman estos horizontes.

    No puedo contar la cantidad de historias, experiencias y anécdotas que ilustran y a partir de las cuales surgen estos planteamientos. La gente quiere vivir y por eso, desprecia “La Política y Lo Político” en tanto categorías y estructuras dominantes y establecidas. Me refiero en particular a la gente que conscientemente se niega a acomodarse y a obedecer.

    La otra noche tomamos un taxi en Bogotá. Los taxistas de esta ciudad son una oportunidad y una experiencia únicas. Quienes se sientan en silencio a esperar llegar a su destino pierden. Era un carrito desvencijado, a las 11 de la noche, en el centro de la ciudad, con el radio en las noticias. Dos cuadras después de arrancar el conductor exclama con irritación y frustración: “Hola, ¿será que nunca nos vamos a tocar con todas las porquerías que nos están haciendo? Nosotros si estamos jodidos. Es que es el colmo! Todo esa corrupción, todo el abuso. Nos volvieron una mierda. Nos manosean y nosotros ahí…” Nos mira verdaderamente irritado y empieza a enumerar ejemplos que no es necesario repetir. Cualquiera los imagina. La clase política, los partidos, la política pública, los carruseles de ladrones, las trampas jurídicas, los discursos falsos etc. El aparato de “La Política”. Además de firme y molesto, el hombre tiene un sentido del humor y del ridículo maravilloso de modo que los ejemplos que señala, la realidad de “la política” y su ejercicio es verdaderamente absurda. Aunque cita partidos, dirigentes, administradores concretos, esto es secundario. Es claro que en esencia da lo mismo. Eso, “la política”, es el absurdo, el ridículo….el colmo! No sentimos los cortos 20 minutos de viaje en el que era evidente que nos ubicamos en el mismo lugar. Al llegar nos dice “Ay…no se bajen todavía, demos otra vueltita para seguir hablando!¨ En efecto, se demoró en cobrarnos hasta terminar una historia y agregó “¿Hola, porqué no los recojo mañana a la hora que necesiten y la seguimos?” Bajamos riendo, renovados, repasando a carcajadas las historias y las burlas. La elocuencia de las imágenes y de las mismas historias que son titulares de medios, retomadas desde una perspectiva que las pone en ese lugar desde donde aparecen como imposibles, intolerables, absolutamente reales y recurrentes. Tristes por la brevedad del viaje.

    Los domingos hay ciclo vías en Bogotá, desde los años 80. Las principales vías se cierran al tráfico vehicular y la gente las ocupa. En más de 30 años, esta ocupación se ha consolidado de manera tal que se transita y se vive una realidad que se nombra a sí misma desde lo colectivo. Mientras la gente hace cola para entrar a la Cinemateca Distrital a ver buen cine barato, un hombre empobrecido, afrocolombiano y mayor, canta boleros con estilo propio, de la época del “Jefe” Daniel Santos. Retumba estremeciéndonos bajo el cielo raso del Teatro Municipal Jorge Eliécer Gaitán, “Los aretes que le faltan a la luna”. Al terminar recorre la cola del cine recogiendo monedas y bromeando con la gente. Pregunta por la película que vamos a ver “César debe Morir”, de Paolo y Vitorio Taviani, comentando sarcástico que vamos a ver en pantalla y pagando lo que pasa en las calles, pero no tenemos unas monedas para la película de la calle que el protagoniza. Un grupo de jóvenes alega que estaban lejos de su voz y no pagan porque no lo escucharon bien, insinuando que no tiene derecho a cobrar por lo que no ha entregado. El hombre sonríe y les habla de Julio César en Roma y de Brutus, su asesino, que está aún más lejos y sin embargo, aprovechan su muerte aún hoy y pagan con gusto por su historia. Los jóvenes, no le entienden. No saben de qué Julio César está hablando y se molestan porque se refiera a ellos como Brutus. La carrera séptima está llena de gente, de bicicletas, de vendedores y vendedoras, de historias…Allí se reproduce la vida. Se generaron unas condiciones que la gente ha aprovechado para vivir, para tejerse. Es un espacio ocupado, recuperado…

    No hay criterios en la selección de estas historias ni en la exclusión de muchas otras. Evocan, convocan y, sin complicaciones me permiten compartir una reflexión en curso. La gente, todas y todos, aprovechan, aprovechamos los espacios que se den, en las condiciones que existan, para vivir. Una será la intención del poder, del diseñador, del ámbito de “la política”. Muy otro, lo que se hace a pesar y en medio de esto. Siempre es así. Violeta Parra y sus hermanos cambiaban cuecas por un pan en las mañanas del hambre, lo que reitera la cueca y la creatividad y señala la estructura que somete al hambre. ¿Pero se niega Violeta por el hambre o la cueca y el sentir y hacer popular y colectivo por la política que excluye, explota y transforma en mercancía o desecha la vida colectiva?

    El taxista y sus pasajeros viven bajo la política monetaria de una relación mercantil. Tiempo y distancia tienen precio y el dueño del vehículo acumula la plusvalía generada por el trabajo del conductor etc. Por ahí podemos seguir, pero, en medio y a pesar de esto, tan real y duro, el hombre agrieta el poder y la dinámica de acumulación. Aprovecha el tiempo y la distancia para encontrarnos en esos tiempos otros de modo que la distancia resulta corta y duele la carencia de continuidad y afecto que genera la estructura de la relación abstracta. Me niego a analizar y a disecar estas historias. Tal como sucede en la ciclo vía o en la ciclo vida, mejor, hay que vivir no más, que es lo que nos gusta y crear, reproducir esa vida. Luchar haciéndolo. Escuchar y compartir. Eso es lo que le gusta a la gente, por eso despreciamos “La Política y “lo Político”. La Violeta se puso a recorrer, escuchando las canciones que nunca se habían escrito. Ahí está esa mujer campesina que le canta una cueca y le advierte “escríbala usted, señorita que yo no se leer y escribir”.

    La dominación es la historia de los vencedores y de sus categorías. Suyas, pero impuestas, dominantes, cotidianas, que se multiplican y penetran. Así como se lo inventaron todo y lo nombran todo para dominar de modo que no quede nada por fuera de esa realidad que nombran sus categorías. El lenguaje del poder. Por ahí leí hace poco que al nacer, nos cae encima el enorme y aplastante peso del lenguaje. Que vivir es, precisamente, recibir ese peso y convertirnos en lo que nombra y en el camino, agregar unas palabras atrapadas en la Historia que domina para que caiga sobre quienes nos heredan. Si y No! Para empezar, no quiero tergiversar en términos inteligibles, lo que se nombra y se vive en sus propios términos negándose a la trampa de la historia y de “la política”. Respetar la vida reproduciéndose, sin traducirla al lenguaje y condiciones que la niegan y la explotan. Re-conocer que vivir es a pesar de y no únicamente dentro. Que hay lenguajes a pesar de la gramática y los términos y normas que heredamos.

    Lo que aceptamos y asumimos como “política” y “político”, como bien lo señala con muchos ejemplos Holloway en Agrietar con tantos ejemplos diversos, son categorías, inseparables de estructuras y condiciones. La vida, su reproducción, no cabe en estas estructuras y categorías. Ni siquiera en aquellas teorías y fuerzas que surgen a partir de la crítica a la dominación, la explotación y su análisis para organizar la resistencia y la transformación. Pertenecen a un plano que se nos impone desde arriba y que se hace inteligible en los términos del poder. Para hablar de política o hacerla, tenemos que aceptar la palabra del otro, su dinámica…lo que “ES la política”.

    Es así. Me acuerdo de Benjamin y corro a leer de nuevo Las Tesis sobre la Filosofía de la Historia. Buscando específicamente algunas cosas que vuelvo a sentir como grietas y rupturas. A la bodega de Horizontes tendría que llegar en lugar privilegiado este texto de sus tesis para conversar incansablemente con ellas.

    Es acá donde quisiera dejar algunas búsquedas abiertas, conversando con Benjamin. Antes diré que hay una dinámica riquísima. Una pugna constante de la que han resultado visiblemente vencedores los poderes dominantes y “la política” que nos imponen, aún la de izquierdas que termina siendo esa manga de la camisa de fuerza con que nos encierran y asfixian. Pienso por ejemplo que en todas partes y a toda hora, la gente lucha dentro de las estructuras, por tejerse y reproducir la vida. Aprovechar las condiciones para vivir y cambiarlas. Lentamente, reivindicando derechos, obstaculizando rutinas, obstruyendo, demorando, sirviéndonos de lo que nos exigen para hacer y decir otras cosas. Aprovechando la ciclo vida. Allí se han preservado y enriquecido saberes, sabores y prácticas. Allí seguimos tejiéndonos. Allí y e claro, en las luchas populares, en los movimientos y procesos que vienen de allí. Desde allí estallamos acá y allá de diversas formas y en los estallidos o en tantas otras dinámicas, se perpetúan y diversifican las tramas que no caben ni en la dominación ni, claro, en “la política”.

    Pero también hasta allá llega, penetra, la explotación y el despojo, expropiando, cerrando espacios y negando. Creando ámbitos como lo que Hannah Arendt llamó la “fábrica de Cadáveres”. En “Los orígenes del Totalitarismo”, explica ella esto, precisamente, la amenaza de lo Total, como el poder que niega las tramas colectivas, la posibilidad de que el taxista pueda siquiera aprovechar el espacio, el sumum del poder y de la “política” totales en las que se le niega al ser humano su sentido al negárselo a la vida, no en teoría: de hecho. Antes de exterminarlos, están muertos, porque, precisamente, no quedan espacios para la trama colectiva. Ni siquiera las ganas o el sentido de hacerlo. El “Homo Sacer” de Giorgio Agamben en “Lo que queda de Auschwitz”. Pueden hacerlo. Lo han hecho, como lo demuestra Arendt y la historia. Un dispositivo que ella señala con claridad es el del “carácter burgués”, como la dinámica del Pater Familias. Un hombre, en los ámbitos micro-sociales de la dominación, que hace lo que sea necesario para garantizar la seguridad de su familia, empezando por delegar su responsabilidad y juicio. Decide el que manda a cambio de seguridad. La SA, fue reemplazada por la Gestapo, precisamente para reemplazar desadaptados sociales por “hombres normales”, dispuestos a transformarse impersonalmente en monstruos, en la banalidad del mal, como administradores de la forma más impersonal de “la política”. “La política” en su forma más pura y total.

    Ahora si, regreso a Benjamin que escribe sus tesis sintiendo el peligro en ciernes del totalitarismo. La bellísima IV Tesis merece estar acá, al tiempo que reconozco que no puede desprenderse de esa criatura vital que es la totalidad del texto:

    “IV
    Procuraos primero alimento y vestido, que así
    el Reino de Dios os llegará por sí mismo.
    Hegel, 1807
    La lucha de clases que tiene siempre ante los ojos el
    materialista histórico educado en Marx es la lucha por
    las cosas toscas y materiales, sin las cuales no hay
    cosas finas y espirituales. Estas últimas, sin embargo,
    están presentes en la lucha de clases de una manera
    diferente de la que tienen en la representación que hay
    de ellas como un botín que cae en manos del vencedor.
    Están vivas en esta lucha en forma de confianza en sí
    mismo, de valentía, de humor, de astucia, de
    incondicionalidad, y su eficacia se remonta en la
    lejanía del tiempo. Van a poner en cuestión, siempre de
    nuevo, todos los triunfos que alguna vez favorecieron a
    los dominadores. Como las flores vuelven su corola hacia
    el sol, así también todo lo que ha sido, en virtud de
    un heliotropismo de estirpe secreta, tiende a dirigirse
    hacia ese sol que está por salir en el cielo de la
    historia. Con ésta, la más inaparente de todas las
    transformaciones, debe saber entenderse el materialista
    histórico.”

    En la consecución de las cosas toscas y materiales al servicio de reproducir la vida, allí, está, ha estado siempre, está hoy mismo viva la política otra, que no se entiende de ninguna manera comparándola con esta que nos cae de encima, nos somete y desvirtúa el sentido de los horizontes que nos planteamos en ese vivir que nos gusta y a cuyo propósito nos entregamos. Lo que hace que luchar sea cantar un bolero en la ciclo vía o cuestionar el costo de una carrera en un taxi y su propósito. Allí donde suceden otras cosas que agrietan. Ese Materialismo Histórico que no cupo ya en las interpretaciones esquemáticas de los partidos marxistas. No se trata de negar el peligro totalitario siempre presente. No se puede ignorar el poder ni “la política” del conquistador ni su conquista. Por el contrario, el mismo Benjamin lo señala, lo que nos permite superar la historia del historicista, y encontrarnos en ese otro tiempo que no es el de los vencedores y acontecimientos es, por ejemplo, reconocernos en ese instante de peligro en el que hasta de nuestros muertos podemos ser despojados. Frente al riesgo de que nuestras propias luchas y tramas pasen a alimentar “la Política” al asumir que la única manera, el único horizonte, es el de ellos en su lenguaje.

    El material del horizonte de los horizontes comunitarios de la política y de los sentidos de las disidencias han salido, como lo recuerda Benjamin, a dispararle a los relojes simultáneamente desde diversos lugares y a rechazar los calendarios. El Angelus Novus de Klee, que es arrastrado de espaldas por el viento del progreso observa la historia en la que los vencedores, masacran, excluyen, niegan, explotan y se apropian recurrentemente a través de “la Política” y de “lo Político” como categorías de la conquista, de las tramas colectivas donde se reproduce y se sigue reproduciendo la vida.

    Ese tiempo otro, presente pero negado, permanente, pero tejido a la vida, que brota “como el musguito en la piedra”, que se levanta para luego ser atrapado aparentemente en las condiciones y razones de Estado o en los tratados e ideologías, al que amenaza lo totalitario, ¿no será Horizonte Político como siempre lo ha sido? Si nos quitamos la máscara de lo que asumimos como “político”, ¿qué encontramos? Lo cierto es que está, siempre ha estado y vive, es lo que garantiza la vida.

    Esta “Es una reflexión que procura dar una idea
    respecto de lo caro que le cuesta a nuestro pensamiento
    habitual una representación de la historia que evite
    toda complicidad con aquella a la que esos políticos
    siguen aferrados.” Walter Benjamin, Tesis X

    Un abrazo y adelante!!!

    Manuel Rozental

  3. Pingback: Raquel Gutiérrez Aguilar: Hacia una política de lo común, repensando el cambio social; haciendo de las luchas de las mujeres un torrente específico y autónomo con horizontes subversivos propios | Kutxiko txoko txikitxutik (KTT)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s